El crack crack de pisar el suelo hueco me recuerda que he vuelto al espacio que llamo hogar. Un modesto apartamento en la esquina de la calle más ruidosa de la ciudad, un modesto apartamento que comparto con una rata que viene y va, la cual empiezo a sospechar que lleva mejor dieta que la mia. Solía tener un gran reloj de pared, pero ya no funciona a pesar de que me sorprendo a mi mismo buscando ver la hora cada vez que entro por la puerta. Se detuvo una tarde de marzo, como si el equipo de duendes relojeros que empujan las agujas hubiesen tenido una riña lo suficientemente significativa como para abandonar mi viejo reloj...abandonarme...abandonar a la rata...O quizás solo son demasiados orgullosos los duendes. Tomo un vaso para servirme mi mejor vino...la última botella de agua que queda en el refrigerador...Mi Pacífico, Atlántico y Caribe servido en un vaso que moja la pena...Tres veces al día por cinco días, esa fue la indicación del psiquiatra...O algo así; estaba muy ocupado pensando en que la última hora de terapia había significado lo poco que quedaba del sueldo del mes. Tomo la mitad de una de las pastillas y le dejo otra a la rata sobre el mostrador; después de todo bastante inestabilidad debe tener la infeliz...Mientras el ruido de la ciudad ruge como bestia en mis oidos y rompe el silencio, como se rompe todo lo demás. Le pongo ritmo con el crack crack hasta mi cama y tengo un sueño del que espero no despertar.
2 comentarios:
me gusta mucho
merde... esto es intenso.
[killed me]
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